miércoles, 30 de enero de 2008

Vagathus Malemer

De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.

La pared se extiende a lo lejos como una cascada interminable al vació. Hablo en presente porque para mí ya no hay orden. El orden del tiempo se me dictó alguna vez, si es que eso que recuerdo existió, existe o existirá. La existencia me ha encloquecido, y he desvanecido mi cordura lo suficiente como para preocuparme por algo. Mucho menos me preocuparía por el tiempo y mucho menos que eso quizá, me preocuparía por lo que viniera. Al final tengo la ligera sensación de que terminare en este mismo lugar haga lo que haga. Siempre tengo esa impresión, para mi el movimiento es estático, y el tiempo es desordenado. No veo, solo supongo lo que encuentro. Tiene que serlo, porque de no ser así, estaría muy angustiado por todo lo que me rodea que es la nada. Solo supongo que hay un piso y estoy junto a una pared eterna hacia un lugar que no percibo porque mi intuición me lo dicta, allí termina mi percepción, si así podemos llamarla.

Soy algo descortés. No me he presentado. Soy Goeneghas, quizás seria mas bello pronunciarlo "goenegás" o "goenejás". Seria lo más sencillo. ¿Mencioné que soy el ultimo ilegítimo?... Lo siento, mi memoria ya falla. Ignoro mi edad, pero se que soy lo suficientemente anciano como para mezclar cosas y perder la cordura.

Ahora que lo pienso, con quien tendría que presentarme. Estoy solo. Siempre he pensado eso. Cuando nace alguien depende de otros, pero es solo. Así pasa la vida, solo y negando su soledad porque así le han educado. Pienso en la oquedad que me rodea. No la entiendo, pero no busco resolverla. Solo camino porque es lo que me queda, si es que existo.

Puede ser que necesite sentirme acompañado. Pero mi alma ha dejado de sentir necesidades desde hace mucho tiempo, y mi paso es mas la inercia del espacio. Indudablemente no tiene importancia, son solo pequeñas ascuas de la fogata que se ha apagado en mi cabeza.

Caminando pues junto a la pared, en algún tiempo que no determinaré, me volví a encontrar el hueco, el pequeño hueco que era el túnel del agua que transitaba por el riachuelo. Si era el mismo lugar o no, careció de importancia. Antes, cuando tenia la certeza de mis recuerdos, hubiera explicado de manera sencilla mis impulsos, los justificaría con una pasión o con un deseo, quizá con una inercia o miedo. Yo considero que mi cuerpo adquirió conciencia propia, y lejos de pensar lo que hice, solo fui con la dedición de lo que en ese momento pasaría.

Aparentemente meter un brazo en aquel hueco hacia que este se hiciera más grande. Mi brazo estaba emocionado de volverse a sentir y de alguna manera esa rara percepción de vida me llenaba cada poro de manera exponencial y fantástica. Mi cerebro por otra parte seguía diciéndome que las ilusiones de mi cabeza me estaban emocionando demasiado y que el golpe seria muy fuerte si seguía con ello. Pero al cabo, el riesgo valía la pena, tanto tiempo sin sentir hacia que mi cuerpo desobedeciera cualquier demanda que mi cerebro le impusiera, mas cuando la razón misma había dejado de importar y ese órgano metafísico se comportaba ya no como un núcleo de decisiones, sino como un órgano que respaldaba la inercia...

No hay comentarios: