miércoles, 30 de enero de 2008

Os ahgther Mephulas

De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.

Si, hace mucho pensé que vivía en mi lado oscuro. Pensé un tiempo que vivía sumergido en mi contra-moral y que yo mismo me propagaría una destrucción seriada. Legal. Todo a donde volteaba carecía de sentido, caminaba entre mis falsas crónicas determinadas entre abanicos que me soplaban amargura. Camine mucho tiempo descalzo en mi primitiva mente -esa mente que señala lo más elemental de uno y que lo encamina a autodefinirse-, y mientras más me acercaba a ese muro de mentiras, mas sentía miedo.

No entendía porque me sentía encerrado, pese a saber que vivo en el mundo más inhóspito y poco provechoso no hallaba la definición de limitantes, solo mi miedo me limitaba.

Luego de andar y llegar a ese viejo trozo de piedra húmeda, me di cuenta de que fluía una pequeña corriente desde la parte superior del muro. Era tan alto que no alcanzaba ver la cumbre de este. Cuando uno sabe qué tan sediento esta, no se preocupa por tomar del pequeño riachuelo mediocre que se sabe no llegara a ser si quiera un poco satisfactorio. Y mi alma estaba tan seca, que el tomar ese poco de agua, solo me daría la sensación de haber lamido algo con mi áspera y casi muerta lengua. Decidí a inferir el hecho de que si escalaba el muro, quizá podría dar un trago sumergiéndome en un mar de banalidades.

Así comencé a escalar, mucho tiempo había deambulado sin saber rumbos, y aunque al menos pareciera efímero, por primera vez desde que se creo el vacío, me hallaba con una especie de "objetivo".

Y al parecer pasaba lo mismo. Nada.

El riachuelo aparentaba acaudalarse de vez en cuando, pero lo mismo daba, porque al escalar otros cuantos millares de tabiques, el río se convertiría en esa casi imperceptible grieta con apenas unas cuantas gotas. Pensé entonces que el muro no tendía fin, y que la mejor opción seria destruirlo. A mi edad esas aspiraciones se convierten en espasmos de placer, y como vienen se van. El pensar, en cuestión, me trajo un poco el aire de juventud, me regaló el recuerdo de que alguna vez, cuando era mas joven -cuando todo lo que era oscuro no adquiría forma todavía- trataba de seguir un paso y quizá cuando me topara con un muro rodearlo o escalarlo para seguir adelante. Por un principio pensé que podría recuperar esos deseos, pero el alma vieja y seca no permite la resistencia. Así que seguí, seguí escalando, al fin y al cabo, el muro parecía no acabarse en los próximos tabiques visibles.

Paso un tiempo, y me di cuenta de que el suelo ahora implicaba la muerte, y no es que me asustara, pero me pesaba más tirarme y esperar el golpe final, que seguir escalando. Cuando uno tiene tan seca su voluntad, prefiere lo más cómodo y menos precipitado, uno prefiere lo más tranquilo sobre todas las cosas, sobresaltarse resulta asfixiante y doloroso, mas doloroso que estar cargando con esas llagas en el alma, que ahora solo tiran de vez en cuando los deseos que pudiesen haberse recuperado. No me quedaba opción, otra eternidad solo que esta era más cansada y hostigante. Creo que el río era para que me alentara.

Al fin de un tiempo muy grande, que no entiendo y que mi cabeza no se ha preocupado de dimensionar, me encontré con un escalón. Luego de mucho tiempo, creo que casi dos eternidades, mi alma se sentía desesperada por voltear a ver. Mi mano, mi tacto y mi cerebro extinguieron toda esperaza al notar que al terminar ese escalón se extendía nuevamente a lo lejos la infinita nada. Sin embargo hay que ver el lado amable, ahora seria más cómodo seguir caminado.

Tanto me había resignado, que no me había dado cuenta de que el riachuelo ya no estaba a esa altura. Pensar en ello resultaba irónico cuando de nuevo había perdido la idea de dirección y no encontraba mas que la misma obscura, seca y demente oscuridad que a siembre había existido. En esta altura de mi percepción, uno carece de la virtud de descanso. El cansancio no se puede sentir cuando se sufre de esta manera. Así que seguir siempre es lo más cómodo.

Quizá mucho tiempo después me encontré con un pequeño fragmento de coraje, y grite, corrí, puede ser que incluso haya volado, llorado y escuchado mi sufrimiento. Hacia mucho tiempo que no sentía mi cuerpo y mucho menos que podía percibir. Pronto, el suelo se estremeció y volví a mi limbo.....

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