De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.
Me sofoco en la hoguera.
Ahora es ayer y hoy cuando la luna salga en un lugar desconocido, moriré. El quemar y huir ya no sirve. Los ciclos infinitos siempre se cumplen, yo soy mi propio hijo y mi propio padre.
Cuando la atmósfera tranquila se derrumba, no nace un humano, muere un feto. Lo que siempre pensamos acerca del nacimiento se ha convertido ante mis ojos en la manifestación de un proceso de muerte... quizás por eso existamos en la historia, ese puede ser el objetivo del hombre en la vida: morir... vivir para morir, morir para vivir.
Cuando haz olvidado todo y los recuerdos llegan de golpe, también con tu olvido te mueres. De la nada, dejas de ser el individuo o ente nulo que eras; te carcome el remordimiento y el tormento te posee. Ahora el verde tranquilidad se ha poseído de violencia, de corrientes que llevan a un lugar desconocido y lejos de tu protección interna, solo te queda resguardarte en la intersección de las corrientes que forman remolinos, que forman hilos de algo diferente al agua que te obligan a quedarte allí, temeroso, estático y lleno de flujos. Si eres capaz de salir, las corrientes te vuelven a llevar a lugares que ya no son verdes, que ya no son tranquilos.
Una cosa te lleva a la otra, adquieres de nuevo la conciencia y tus debilidades; la apatía se vuelve un defecto mortal, y ese vicio de inercia que no desaparece, se torna frustrante, demente. El verde de protección ahora te ataca, y so soy yo el que ataca o defiende, ya no tiene importancia porque el movimiento lo impide todo, el movimiento del todo te deja estático, te impide si quiera racionalizar. Las pasiones son las que me controlan y el rumbo es incierto. Me estoy ahogando y quiero salir, al menos esa impresión tengo.
Y con esa afirmación respondo mi rumbo, siempre he querido salir, pero cuando me doy cuenta, no hay salida, solo vuelvo a entrar en algo más denso, más complejo.
La voluntad puede mover y carcomer el alma de un humano, se vuelve avaricia. La única diferencia es la pasión que se tiene. Así pasa cuando trato de salir. Finalmente, nunca puedo porque las pasiones me estorban, porque haga lo que haga, no quiero dejar de ser humano. Quizás por eso soy un ilegítimo, niego mi condición de thoriano y no me importan los títulos, los poderes, por eso es que mi alma está casi descuartizada. Uno como humano no puede negarse a algún poder divino, así sea aunque lo niegue.
-Pero a lo mejor la perspectiva y la terquedades lo que te hace humano, la tautología de querer ser humano es lo que detiene; es ser thoriano te da la libertad de facultad y jurisprudencia humana, y lo sabes...-
Si soy thoriano no hay cambio, lo soy y no he cambiado porque los thorianos somos humanos, sufrimos de las mismas pasiones, nacimos de vientres fecundados por humanos, crecemos y creemos como humanos. No somos diferentes a ellos en nada. Lo básico de nuestro ser sigue siendo esencialmente lo mismo. Mi lucha contra el poder y con la negación de la diferencia entre thorianos y humanos sólo afirma más incapacidad para luchar contra mis pasiones. Los thorianos somos humanos, no existe más que una diferencia en las capacidades que tenemos...
-NO es así y lo sabes, lo sabemos. Los humanos no pueden cambiar su realidad. Tú haces lo que tienes, porque lo haz definido, tú comes de lo que tú alimentas. Buscas una salida porque lo que tienes no te basta, buscas mas poder, incluso buscas poder sobre el poder, que un humano jamás tendrá. La corrupción no existe en el poder de un thoriano, eso pasa porque tú eres la verdad y tú lo decides. Sostienes al universo porque tu existencia contradice todo, dando así la razón a lo demás. Estás refundido en lo que odias. Tu existencia sigue siendo la de un thoriano, y así serás.-
Así moriré como humano, en el nacimiento del thoriano que soy, será la causa de mi muerte como humano y viviré aterrado de la vida... por eso buscaré el rumbo y por eso me ahogaré en el ahora...
miércoles, 30 de enero de 2008
Il Lugerme Amele Yax
De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.
La vana oscuridad. La bella y completa demencia de lo que nunca es comprensible. Hay cierta tranquilidad en la oscuridad. Es una serenidad en la que sabes que estas tranquilo porque no hay algo que pueda dañarte. Tú eres tu propio agresor y defensor. Todo lo que puede hacerte daño esta en ti. Finalmente no hay algo afuera como no lo hay adentro. Sólo tú y tu soledad. No necesitas nada más.
La tranquilidad existe porque es una visión de la muerte, al estar en ese lugar oscuro ya no hay más que ver. Además de eso, si no hay ruido te da la certeza de que el único sonido que puedes hacer lo haces tú; si dejas de percibir aromas y sabores, te das cuenta de que el lugar es estéril y confirmas con ello la incapacidad de daño. Al final, si dejas de sentir, te ubicas en el plano de la seguridad absoluta. Lo solemne te invade y te expandes lo que quieras y como quieras. En ese momento eres tú el todo y no hay otra cosa que hacer más que dejar de percibir. Cuando lo haces, comienzas un camino en esta oquedad. Y al principio sabes que hay dos caminos. Uno, el que no elegí e ignoro a donde vaya, y el otro, el de los miedos. Nunca debí de haberme dirigido al muro.
Alguna vez, antes de internarme en este lugar, sentí. Esa seguridad me la da el estar sumergido en el líquido insaboro y confortable en el que estoy; recuerdo el vientre materno por que me da la impresión de que estuve allí. Ahora han sido los instintos los que me han dominado. En otros tiempos, me hubiera preocupado por respirar... pero sigo refutando mi existencia, todavía lo suficiente como para mantenerme flotando aquí una eternidad mas. Las otras eternidades me las pase en un vagando en mis miedos y odios. Y la oscuridad era negra porque para mi era un luto, una seriedad absoluta, una carencia de valores, la carencia. Camine y escalé, los cayos de mis manos que puedo sentir me lo dicen.
Sigo sin ver. Solo que ahora el negro se ha vuelto verde, un verde pardo, un verde confortable que me alienta a seguir aquí por siempre, abstraído en la nada. Me reconforta mas porque se que no necesito nada, y porque se que el tiempo lo defino yo. Ahora mi alma, aunque seca y cansada, descansa de un viaje.
Todos mis poros, todas mis células me afirman mi existencia. Yo sigo cuestionándola porque se muy en el fondo que el instinto se conforma en su máxima complejidad de pasiones humanas, y se que esta sensación es una pasión. Lo que no me importa es definirla o detenerla, es innecesario por lo confortable que es.
El tiempo sigue siendo irrelevante, las explicaciones de lo que hace mi cuerpo no importan, ya que el fue quien pidió esto. La muerte nunca me ha asustado, y si respire en el vientre materno se que lo puedo estar haciendo aquí si lo necesito. ¿Importa entonces? No.
Mis miedos carecen de importancia desde que tome la dedición de sumergirme en ellos. La inercia de mi inmersión no es la sumisión de mis anhelos, ni la demencia de mi cuerpo. Quizá una acción desesperada que me llevo al nuevo limbo, este limbo que ha durado para mi lo que tenga que durar, este lugar verde que me remueve la conciencia en todo sentido y que me demuestra la capacidad de borrar lo mas mierda de mi pasado, de mi eterno pasado en el camino que seguía a un lugar incierto. Creo que no seguía nada. Ahora solo recuerdo el vientre materno, mi disyunción por los miedos, la pared, el hueco y este espacio verde interminable, confortable y opaco sin fin...
La vana oscuridad. La bella y completa demencia de lo que nunca es comprensible. Hay cierta tranquilidad en la oscuridad. Es una serenidad en la que sabes que estas tranquilo porque no hay algo que pueda dañarte. Tú eres tu propio agresor y defensor. Todo lo que puede hacerte daño esta en ti. Finalmente no hay algo afuera como no lo hay adentro. Sólo tú y tu soledad. No necesitas nada más.
La tranquilidad existe porque es una visión de la muerte, al estar en ese lugar oscuro ya no hay más que ver. Además de eso, si no hay ruido te da la certeza de que el único sonido que puedes hacer lo haces tú; si dejas de percibir aromas y sabores, te das cuenta de que el lugar es estéril y confirmas con ello la incapacidad de daño. Al final, si dejas de sentir, te ubicas en el plano de la seguridad absoluta. Lo solemne te invade y te expandes lo que quieras y como quieras. En ese momento eres tú el todo y no hay otra cosa que hacer más que dejar de percibir. Cuando lo haces, comienzas un camino en esta oquedad. Y al principio sabes que hay dos caminos. Uno, el que no elegí e ignoro a donde vaya, y el otro, el de los miedos. Nunca debí de haberme dirigido al muro.
Alguna vez, antes de internarme en este lugar, sentí. Esa seguridad me la da el estar sumergido en el líquido insaboro y confortable en el que estoy; recuerdo el vientre materno por que me da la impresión de que estuve allí. Ahora han sido los instintos los que me han dominado. En otros tiempos, me hubiera preocupado por respirar... pero sigo refutando mi existencia, todavía lo suficiente como para mantenerme flotando aquí una eternidad mas. Las otras eternidades me las pase en un vagando en mis miedos y odios. Y la oscuridad era negra porque para mi era un luto, una seriedad absoluta, una carencia de valores, la carencia. Camine y escalé, los cayos de mis manos que puedo sentir me lo dicen.
Sigo sin ver. Solo que ahora el negro se ha vuelto verde, un verde pardo, un verde confortable que me alienta a seguir aquí por siempre, abstraído en la nada. Me reconforta mas porque se que no necesito nada, y porque se que el tiempo lo defino yo. Ahora mi alma, aunque seca y cansada, descansa de un viaje.
Todos mis poros, todas mis células me afirman mi existencia. Yo sigo cuestionándola porque se muy en el fondo que el instinto se conforma en su máxima complejidad de pasiones humanas, y se que esta sensación es una pasión. Lo que no me importa es definirla o detenerla, es innecesario por lo confortable que es.
El tiempo sigue siendo irrelevante, las explicaciones de lo que hace mi cuerpo no importan, ya que el fue quien pidió esto. La muerte nunca me ha asustado, y si respire en el vientre materno se que lo puedo estar haciendo aquí si lo necesito. ¿Importa entonces? No.
Mis miedos carecen de importancia desde que tome la dedición de sumergirme en ellos. La inercia de mi inmersión no es la sumisión de mis anhelos, ni la demencia de mi cuerpo. Quizá una acción desesperada que me llevo al nuevo limbo, este limbo que ha durado para mi lo que tenga que durar, este lugar verde que me remueve la conciencia en todo sentido y que me demuestra la capacidad de borrar lo mas mierda de mi pasado, de mi eterno pasado en el camino que seguía a un lugar incierto. Creo que no seguía nada. Ahora solo recuerdo el vientre materno, mi disyunción por los miedos, la pared, el hueco y este espacio verde interminable, confortable y opaco sin fin...
Vagathus Malemer
De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.
La pared se extiende a lo lejos como una cascada interminable al vació. Hablo en presente porque para mí ya no hay orden. El orden del tiempo se me dictó alguna vez, si es que eso que recuerdo existió, existe o existirá. La existencia me ha encloquecido, y he desvanecido mi cordura lo suficiente como para preocuparme por algo. Mucho menos me preocuparía por el tiempo y mucho menos que eso quizá, me preocuparía por lo que viniera. Al final tengo la ligera sensación de que terminare en este mismo lugar haga lo que haga. Siempre tengo esa impresión, para mi el movimiento es estático, y el tiempo es desordenado. No veo, solo supongo lo que encuentro. Tiene que serlo, porque de no ser así, estaría muy angustiado por todo lo que me rodea que es la nada. Solo supongo que hay un piso y estoy junto a una pared eterna hacia un lugar que no percibo porque mi intuición me lo dicta, allí termina mi percepción, si así podemos llamarla.
Soy algo descortés. No me he presentado. Soy Goeneghas, quizás seria mas bello pronunciarlo "goenegás" o "goenejás". Seria lo más sencillo. ¿Mencioné que soy el ultimo ilegítimo?... Lo siento, mi memoria ya falla. Ignoro mi edad, pero se que soy lo suficientemente anciano como para mezclar cosas y perder la cordura.
Ahora que lo pienso, con quien tendría que presentarme. Estoy solo. Siempre he pensado eso. Cuando nace alguien depende de otros, pero es solo. Así pasa la vida, solo y negando su soledad porque así le han educado. Pienso en la oquedad que me rodea. No la entiendo, pero no busco resolverla. Solo camino porque es lo que me queda, si es que existo.
Puede ser que necesite sentirme acompañado. Pero mi alma ha dejado de sentir necesidades desde hace mucho tiempo, y mi paso es mas la inercia del espacio. Indudablemente no tiene importancia, son solo pequeñas ascuas de la fogata que se ha apagado en mi cabeza.
Caminando pues junto a la pared, en algún tiempo que no determinaré, me volví a encontrar el hueco, el pequeño hueco que era el túnel del agua que transitaba por el riachuelo. Si era el mismo lugar o no, careció de importancia. Antes, cuando tenia la certeza de mis recuerdos, hubiera explicado de manera sencilla mis impulsos, los justificaría con una pasión o con un deseo, quizá con una inercia o miedo. Yo considero que mi cuerpo adquirió conciencia propia, y lejos de pensar lo que hice, solo fui con la dedición de lo que en ese momento pasaría.
Aparentemente meter un brazo en aquel hueco hacia que este se hiciera más grande. Mi brazo estaba emocionado de volverse a sentir y de alguna manera esa rara percepción de vida me llenaba cada poro de manera exponencial y fantástica. Mi cerebro por otra parte seguía diciéndome que las ilusiones de mi cabeza me estaban emocionando demasiado y que el golpe seria muy fuerte si seguía con ello. Pero al cabo, el riesgo valía la pena, tanto tiempo sin sentir hacia que mi cuerpo desobedeciera cualquier demanda que mi cerebro le impusiera, mas cuando la razón misma había dejado de importar y ese órgano metafísico se comportaba ya no como un núcleo de decisiones, sino como un órgano que respaldaba la inercia...
La pared se extiende a lo lejos como una cascada interminable al vació. Hablo en presente porque para mí ya no hay orden. El orden del tiempo se me dictó alguna vez, si es que eso que recuerdo existió, existe o existirá. La existencia me ha encloquecido, y he desvanecido mi cordura lo suficiente como para preocuparme por algo. Mucho menos me preocuparía por el tiempo y mucho menos que eso quizá, me preocuparía por lo que viniera. Al final tengo la ligera sensación de que terminare en este mismo lugar haga lo que haga. Siempre tengo esa impresión, para mi el movimiento es estático, y el tiempo es desordenado. No veo, solo supongo lo que encuentro. Tiene que serlo, porque de no ser así, estaría muy angustiado por todo lo que me rodea que es la nada. Solo supongo que hay un piso y estoy junto a una pared eterna hacia un lugar que no percibo porque mi intuición me lo dicta, allí termina mi percepción, si así podemos llamarla.
Soy algo descortés. No me he presentado. Soy Goeneghas, quizás seria mas bello pronunciarlo "goenegás" o "goenejás". Seria lo más sencillo. ¿Mencioné que soy el ultimo ilegítimo?... Lo siento, mi memoria ya falla. Ignoro mi edad, pero se que soy lo suficientemente anciano como para mezclar cosas y perder la cordura.
Ahora que lo pienso, con quien tendría que presentarme. Estoy solo. Siempre he pensado eso. Cuando nace alguien depende de otros, pero es solo. Así pasa la vida, solo y negando su soledad porque así le han educado. Pienso en la oquedad que me rodea. No la entiendo, pero no busco resolverla. Solo camino porque es lo que me queda, si es que existo.
Puede ser que necesite sentirme acompañado. Pero mi alma ha dejado de sentir necesidades desde hace mucho tiempo, y mi paso es mas la inercia del espacio. Indudablemente no tiene importancia, son solo pequeñas ascuas de la fogata que se ha apagado en mi cabeza.
Caminando pues junto a la pared, en algún tiempo que no determinaré, me volví a encontrar el hueco, el pequeño hueco que era el túnel del agua que transitaba por el riachuelo. Si era el mismo lugar o no, careció de importancia. Antes, cuando tenia la certeza de mis recuerdos, hubiera explicado de manera sencilla mis impulsos, los justificaría con una pasión o con un deseo, quizá con una inercia o miedo. Yo considero que mi cuerpo adquirió conciencia propia, y lejos de pensar lo que hice, solo fui con la dedición de lo que en ese momento pasaría.
Aparentemente meter un brazo en aquel hueco hacia que este se hiciera más grande. Mi brazo estaba emocionado de volverse a sentir y de alguna manera esa rara percepción de vida me llenaba cada poro de manera exponencial y fantástica. Mi cerebro por otra parte seguía diciéndome que las ilusiones de mi cabeza me estaban emocionando demasiado y que el golpe seria muy fuerte si seguía con ello. Pero al cabo, el riesgo valía la pena, tanto tiempo sin sentir hacia que mi cuerpo desobedeciera cualquier demanda que mi cerebro le impusiera, mas cuando la razón misma había dejado de importar y ese órgano metafísico se comportaba ya no como un núcleo de decisiones, sino como un órgano que respaldaba la inercia...
Neghahf. Yosethur
De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.
Nada cambia todavía. Nunca lo ha hecho. Quizá sea el momento de aceptar mi corrupción. El humano se corrompe.
Yo soy el ultimo que sigue caminando, el último ilegítimo. El que sigue después de mi es innombrable, el anterior a mi es legitimo pero también es el último. Atrás del último está otro como yo, que camina, ambos sabemos de nosotros pero nunca hemos confirmado nuestra existencia. Yo el ultimo ilegitimo y él el primero. Atrás del que se su existencia, está el que es principio. Él, Ghoenegas, solo se ha mencionado como un eco seco en el horizonte sin rumbo.
Imagino que alguna vez conocí algo diferente a este limbo, no se si mis recuerdos o mis sueños permanezcan aislados en algún rincón obscuro de mi ser.
Paso en seco y me encuentro un muro. Tengo la ligera impresión de haberlo visto antes. En otros tiempos me hubiera preocupado escalarlo, quizá hubiera encontrado algún motivo. Los motivos son importantes cuando uno vive. Pero yo ya no se si vivo. Si vivo, también carece de importancia el muro, no tengo la capacidad para subir, no hay como y ha dejado de ser trascendente para mi.
Al dar el primer paso me doy cuenta de un pequeño riachuelo, es escaso, y aparenta tener un afluente denso en su interior, porque al caer, en el piso, cae en un hueco el cual pareciera no tener fondo. Hubiera acercado mi oído para quizás recordar el sonido de algo escurrir, pero ha pasado tanto tempo, que creo que eso también carece de importancia. Al final, solo consigo darme cuenta de que he perdido tiempo contemplando algo que no se si exista o solo sea parte de mi esquizofrenia.
Pues así pasa el tiempo, e ignoro las dimensiones. Ahora no tengo la capacidad para poder dimensionar el tiempo. Ya no se si en lo que pienso una palabra, pasa un día, pasa un año. Las estaciones y todo aquel mito adyacente en mi cabeza solo terminan como un soplo de nostalgia. Pudo haber pasado nada, pudo ser que este tiempo sea realmente algo que no cambia, como la oscuridad, mi camino, el muro y el ligero riachuelo. Y si ese tiempo no existe, sigo en el mismo lugar, porque no me veo, no tengo la capacidad para siquiera saber si existo. Todo yo pienso que camino, pienso que puedo mover las piernas. Mis brazos no los puedo localizar. No se si alguna vez los tuve, tampoco se si tuve oídos, u ojos. No escucho, no veo, no siento. Si percibo algo es por mera intuición. Quizás tenga los ojos cerrados, o no tenga ojos.
Ese es el juego de un ilegítimo. Eso es todo lo que recuerdo. Los ilegítimos somos para el todo, la parte de lo inexistente. Somos el chivo expiatorio, el que tiene que sufrir por el legítimo. Los cinco mantenemos lo que existe como tal, tiene que haber ese balance en la existencia, porque si cada uno no hiciera lo que le corresponde, el equilibrio se iría poco a poco hacia un desorden infinito.
A decir verdad no se si sea yo alguno de los cinco. No puedo ni oír el latido de mi corazón, si es que tengo. Creo que alguna vez sentí dolor, pero esa sensación se desvanece cuando es permanente. Todos podemos soportarlo. La violencia también se desvanece, como todos los miedos. Quizá cuando mi mente acumulo todos estos recuerdos deje de tener miedo. Ahora la violencia se ha acoplado a mí, se ha incorporado en cada poro de mi cuerpo y me he hecho invulnerable e imperceptible a ella. Sufrimiento, ese solo fue un fantasma, quizás nunca ha existido, como yo, que no tengo la certeza de existir....
Nada cambia todavía. Nunca lo ha hecho. Quizá sea el momento de aceptar mi corrupción. El humano se corrompe.
Yo soy el ultimo que sigue caminando, el último ilegítimo. El que sigue después de mi es innombrable, el anterior a mi es legitimo pero también es el último. Atrás del último está otro como yo, que camina, ambos sabemos de nosotros pero nunca hemos confirmado nuestra existencia. Yo el ultimo ilegitimo y él el primero. Atrás del que se su existencia, está el que es principio. Él, Ghoenegas, solo se ha mencionado como un eco seco en el horizonte sin rumbo.
Imagino que alguna vez conocí algo diferente a este limbo, no se si mis recuerdos o mis sueños permanezcan aislados en algún rincón obscuro de mi ser.
Paso en seco y me encuentro un muro. Tengo la ligera impresión de haberlo visto antes. En otros tiempos me hubiera preocupado escalarlo, quizá hubiera encontrado algún motivo. Los motivos son importantes cuando uno vive. Pero yo ya no se si vivo. Si vivo, también carece de importancia el muro, no tengo la capacidad para subir, no hay como y ha dejado de ser trascendente para mi.
Al dar el primer paso me doy cuenta de un pequeño riachuelo, es escaso, y aparenta tener un afluente denso en su interior, porque al caer, en el piso, cae en un hueco el cual pareciera no tener fondo. Hubiera acercado mi oído para quizás recordar el sonido de algo escurrir, pero ha pasado tanto tempo, que creo que eso también carece de importancia. Al final, solo consigo darme cuenta de que he perdido tiempo contemplando algo que no se si exista o solo sea parte de mi esquizofrenia.
Pues así pasa el tiempo, e ignoro las dimensiones. Ahora no tengo la capacidad para poder dimensionar el tiempo. Ya no se si en lo que pienso una palabra, pasa un día, pasa un año. Las estaciones y todo aquel mito adyacente en mi cabeza solo terminan como un soplo de nostalgia. Pudo haber pasado nada, pudo ser que este tiempo sea realmente algo que no cambia, como la oscuridad, mi camino, el muro y el ligero riachuelo. Y si ese tiempo no existe, sigo en el mismo lugar, porque no me veo, no tengo la capacidad para siquiera saber si existo. Todo yo pienso que camino, pienso que puedo mover las piernas. Mis brazos no los puedo localizar. No se si alguna vez los tuve, tampoco se si tuve oídos, u ojos. No escucho, no veo, no siento. Si percibo algo es por mera intuición. Quizás tenga los ojos cerrados, o no tenga ojos.
Ese es el juego de un ilegítimo. Eso es todo lo que recuerdo. Los ilegítimos somos para el todo, la parte de lo inexistente. Somos el chivo expiatorio, el que tiene que sufrir por el legítimo. Los cinco mantenemos lo que existe como tal, tiene que haber ese balance en la existencia, porque si cada uno no hiciera lo que le corresponde, el equilibrio se iría poco a poco hacia un desorden infinito.
A decir verdad no se si sea yo alguno de los cinco. No puedo ni oír el latido de mi corazón, si es que tengo. Creo que alguna vez sentí dolor, pero esa sensación se desvanece cuando es permanente. Todos podemos soportarlo. La violencia también se desvanece, como todos los miedos. Quizá cuando mi mente acumulo todos estos recuerdos deje de tener miedo. Ahora la violencia se ha acoplado a mí, se ha incorporado en cada poro de mi cuerpo y me he hecho invulnerable e imperceptible a ella. Sufrimiento, ese solo fue un fantasma, quizás nunca ha existido, como yo, que no tengo la certeza de existir....
Os ahgther Mephulas
De: Crónicas de los Thorianos, proyecto inconcluso.
Si, hace mucho pensé que vivía en mi lado oscuro. Pensé un tiempo que vivía sumergido en mi contra-moral y que yo mismo me propagaría una destrucción seriada. Legal. Todo a donde volteaba carecía de sentido, caminaba entre mis falsas crónicas determinadas entre abanicos que me soplaban amargura. Camine mucho tiempo descalzo en mi primitiva mente -esa mente que señala lo más elemental de uno y que lo encamina a autodefinirse-, y mientras más me acercaba a ese muro de mentiras, mas sentía miedo.
No entendía porque me sentía encerrado, pese a saber que vivo en el mundo más inhóspito y poco provechoso no hallaba la definición de limitantes, solo mi miedo me limitaba.
Luego de andar y llegar a ese viejo trozo de piedra húmeda, me di cuenta de que fluía una pequeña corriente desde la parte superior del muro. Era tan alto que no alcanzaba ver la cumbre de este. Cuando uno sabe qué tan sediento esta, no se preocupa por tomar del pequeño riachuelo mediocre que se sabe no llegara a ser si quiera un poco satisfactorio. Y mi alma estaba tan seca, que el tomar ese poco de agua, solo me daría la sensación de haber lamido algo con mi áspera y casi muerta lengua. Decidí a inferir el hecho de que si escalaba el muro, quizá podría dar un trago sumergiéndome en un mar de banalidades.
Así comencé a escalar, mucho tiempo había deambulado sin saber rumbos, y aunque al menos pareciera efímero, por primera vez desde que se creo el vacío, me hallaba con una especie de "objetivo".
Y al parecer pasaba lo mismo. Nada.
El riachuelo aparentaba acaudalarse de vez en cuando, pero lo mismo daba, porque al escalar otros cuantos millares de tabiques, el río se convertiría en esa casi imperceptible grieta con apenas unas cuantas gotas. Pensé entonces que el muro no tendía fin, y que la mejor opción seria destruirlo. A mi edad esas aspiraciones se convierten en espasmos de placer, y como vienen se van. El pensar, en cuestión, me trajo un poco el aire de juventud, me regaló el recuerdo de que alguna vez, cuando era mas joven -cuando todo lo que era oscuro no adquiría forma todavía- trataba de seguir un paso y quizá cuando me topara con un muro rodearlo o escalarlo para seguir adelante. Por un principio pensé que podría recuperar esos deseos, pero el alma vieja y seca no permite la resistencia. Así que seguí, seguí escalando, al fin y al cabo, el muro parecía no acabarse en los próximos tabiques visibles.
Paso un tiempo, y me di cuenta de que el suelo ahora implicaba la muerte, y no es que me asustara, pero me pesaba más tirarme y esperar el golpe final, que seguir escalando. Cuando uno tiene tan seca su voluntad, prefiere lo más cómodo y menos precipitado, uno prefiere lo más tranquilo sobre todas las cosas, sobresaltarse resulta asfixiante y doloroso, mas doloroso que estar cargando con esas llagas en el alma, que ahora solo tiran de vez en cuando los deseos que pudiesen haberse recuperado. No me quedaba opción, otra eternidad solo que esta era más cansada y hostigante. Creo que el río era para que me alentara.
Al fin de un tiempo muy grande, que no entiendo y que mi cabeza no se ha preocupado de dimensionar, me encontré con un escalón. Luego de mucho tiempo, creo que casi dos eternidades, mi alma se sentía desesperada por voltear a ver. Mi mano, mi tacto y mi cerebro extinguieron toda esperaza al notar que al terminar ese escalón se extendía nuevamente a lo lejos la infinita nada. Sin embargo hay que ver el lado amable, ahora seria más cómodo seguir caminado.
Tanto me había resignado, que no me había dado cuenta de que el riachuelo ya no estaba a esa altura. Pensar en ello resultaba irónico cuando de nuevo había perdido la idea de dirección y no encontraba mas que la misma obscura, seca y demente oscuridad que a siembre había existido. En esta altura de mi percepción, uno carece de la virtud de descanso. El cansancio no se puede sentir cuando se sufre de esta manera. Así que seguir siempre es lo más cómodo.
Quizá mucho tiempo después me encontré con un pequeño fragmento de coraje, y grite, corrí, puede ser que incluso haya volado, llorado y escuchado mi sufrimiento. Hacia mucho tiempo que no sentía mi cuerpo y mucho menos que podía percibir. Pronto, el suelo se estremeció y volví a mi limbo.....
Si, hace mucho pensé que vivía en mi lado oscuro. Pensé un tiempo que vivía sumergido en mi contra-moral y que yo mismo me propagaría una destrucción seriada. Legal. Todo a donde volteaba carecía de sentido, caminaba entre mis falsas crónicas determinadas entre abanicos que me soplaban amargura. Camine mucho tiempo descalzo en mi primitiva mente -esa mente que señala lo más elemental de uno y que lo encamina a autodefinirse-, y mientras más me acercaba a ese muro de mentiras, mas sentía miedo.
No entendía porque me sentía encerrado, pese a saber que vivo en el mundo más inhóspito y poco provechoso no hallaba la definición de limitantes, solo mi miedo me limitaba.
Luego de andar y llegar a ese viejo trozo de piedra húmeda, me di cuenta de que fluía una pequeña corriente desde la parte superior del muro. Era tan alto que no alcanzaba ver la cumbre de este. Cuando uno sabe qué tan sediento esta, no se preocupa por tomar del pequeño riachuelo mediocre que se sabe no llegara a ser si quiera un poco satisfactorio. Y mi alma estaba tan seca, que el tomar ese poco de agua, solo me daría la sensación de haber lamido algo con mi áspera y casi muerta lengua. Decidí a inferir el hecho de que si escalaba el muro, quizá podría dar un trago sumergiéndome en un mar de banalidades.
Así comencé a escalar, mucho tiempo había deambulado sin saber rumbos, y aunque al menos pareciera efímero, por primera vez desde que se creo el vacío, me hallaba con una especie de "objetivo".
Y al parecer pasaba lo mismo. Nada.
El riachuelo aparentaba acaudalarse de vez en cuando, pero lo mismo daba, porque al escalar otros cuantos millares de tabiques, el río se convertiría en esa casi imperceptible grieta con apenas unas cuantas gotas. Pensé entonces que el muro no tendía fin, y que la mejor opción seria destruirlo. A mi edad esas aspiraciones se convierten en espasmos de placer, y como vienen se van. El pensar, en cuestión, me trajo un poco el aire de juventud, me regaló el recuerdo de que alguna vez, cuando era mas joven -cuando todo lo que era oscuro no adquiría forma todavía- trataba de seguir un paso y quizá cuando me topara con un muro rodearlo o escalarlo para seguir adelante. Por un principio pensé que podría recuperar esos deseos, pero el alma vieja y seca no permite la resistencia. Así que seguí, seguí escalando, al fin y al cabo, el muro parecía no acabarse en los próximos tabiques visibles.
Paso un tiempo, y me di cuenta de que el suelo ahora implicaba la muerte, y no es que me asustara, pero me pesaba más tirarme y esperar el golpe final, que seguir escalando. Cuando uno tiene tan seca su voluntad, prefiere lo más cómodo y menos precipitado, uno prefiere lo más tranquilo sobre todas las cosas, sobresaltarse resulta asfixiante y doloroso, mas doloroso que estar cargando con esas llagas en el alma, que ahora solo tiran de vez en cuando los deseos que pudiesen haberse recuperado. No me quedaba opción, otra eternidad solo que esta era más cansada y hostigante. Creo que el río era para que me alentara.
Al fin de un tiempo muy grande, que no entiendo y que mi cabeza no se ha preocupado de dimensionar, me encontré con un escalón. Luego de mucho tiempo, creo que casi dos eternidades, mi alma se sentía desesperada por voltear a ver. Mi mano, mi tacto y mi cerebro extinguieron toda esperaza al notar que al terminar ese escalón se extendía nuevamente a lo lejos la infinita nada. Sin embargo hay que ver el lado amable, ahora seria más cómodo seguir caminado.
Tanto me había resignado, que no me había dado cuenta de que el riachuelo ya no estaba a esa altura. Pensar en ello resultaba irónico cuando de nuevo había perdido la idea de dirección y no encontraba mas que la misma obscura, seca y demente oscuridad que a siembre había existido. En esta altura de mi percepción, uno carece de la virtud de descanso. El cansancio no se puede sentir cuando se sufre de esta manera. Así que seguir siempre es lo más cómodo.
Quizá mucho tiempo después me encontré con un pequeño fragmento de coraje, y grite, corrí, puede ser que incluso haya volado, llorado y escuchado mi sufrimiento. Hacia mucho tiempo que no sentía mi cuerpo y mucho menos que podía percibir. Pronto, el suelo se estremeció y volví a mi limbo.....
lunes, 14 de enero de 2008
6 men 3 muan
Asi empieza. Cada cosa que comienza tiene un ciclo que cumplir, transformarse en otra cosa, y seguir viviendo. Asi es todo, pese a que los biologos defiendan su idea de vida como algo que requiere forzosamente moléculas organicas. Así es la vida, en todas partes, y por todo lo que rodea, con todas las formas y de toda la energía. Los objetos, los materiales, todo, todo lo que existe en el universo es vida. ¿Y entonces?, pues nada, las cosas siguen, las cosas adquieren la misma jerarquía y todo, por insignificante que parezca, es completamente trascendente, importante, no trivial. No las hay, las trivialidades son para pedantes. Es diferente tratar de puntualizar una idea y a partir de ella construir, evitar caer en redundancia, pero nunca trivializar.
Por todo lo no trivial, comienza este blog.
Por todo lo no trivial, comienza este blog.
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